Originarios devotos de Jesús del Rescate


Por Sergio Espinoza Hernández

Jesús del Rescate

El obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz en su informe eclesiástico revela que en el Valle de Nicaragua hoy ciudad de Rivas, desde 1657 un grupo de hacendados de cacao  y ganado solicita un cura al obispo  Pedro de Villarreal, el cual se lo aprueba el 5 octubre, pero como no se tenía parroquia para hospedar al sacerdote lo ubicanmientras se construía la iglesia nueva— “en la ermita de San Sebastián que los mulatos habían fabricado en el mencionado valle”. (1)

Para esos remotos años, los criollos y españoles no tenían iglesia porque el pueblo lo constituían los trabajadores de las haciendas cercanas. Era costumbre entre los hacendados poner nombre de un santo a su propiedad, santa o virgen, por eso Guadalupe,  santa Úrsula, Candelaria, entre otras, tenían su propia capilla. Morel en 1751 las contabiliza: “hay sin embargo diez capillas o ermitas repartidas por ellos en las casas de los hacendados; estos las han levantado a sus expensas con el fin de tener misa para sí y sus familias en los días festivos. Los comarcanos también concurren a oírla”. (2)

Mulatos

Además de los españoles, el sector social mejor organizado en la Villa de Nicaragua no eran los indios, ni los ladinos, sino a quienes el obispo Morel llamaba mulatos.  Rivas en 1717 tenía una población de 2,400 personas, de ellas 500 familias españolas y gente parda, ni mestizos ni mulatos, digamos “triracial”. Entre la población se contabilizaron 127 esclavos y 864 mulatos, ambos sumados hacen una población de 991, superior a los mestizos, que eran 238, y a los 938 indios. (3)

Estos esclavos no estaban ligados a la producción sino en los servicios de las haciendas, fungían como criados. Para esa época la población que se declaraba en territorio de Palenque se le confería libertad por decreto real. Esta población era organizada, tenía su tierra en común y sus propios mandos de gobernanza, fueron traídos de África  y su ruta de entrada fue Panamá, Costa Rica para llegar a Rivas.

El Palenque

Para el 29 de mayo de 1720, que les extienden el título de Villa, eran 3,000 personas de ambos sexos. En 1730, los vecinos de la villa “se hallaba aumentado ya al número de 11,908” debido al incremento de la labranza, el comercio y añil. Los diezmos tenían tres años de rematarse a 10,200 pesos anualmente de forma sostenible. (4)

Para la época la Villa de Rivas, ya contaba con su palenque, que en mi opinión es el primer barrio del casco urbano, situado al lado norte del río La Pesa, hoy río de Oro. La ciudad colonial de Rivas se constituyó con 14 barrios, estos son: Los Cerros, Horcones, Tola, Cocaoajoche, Nahualapa, Aposonga, Palenque, Popoyuapa, Zopilote, Palos Negros, Poblazón (La Puebla), El Salitre, Potosí y El Obraje (actual Belén), más los tres pueblos indios: Nicaragua, hoy San Jorge; Moyogalpa y Altagracia, ambos en la isla de Ometepe. (5)

Los palenques en toda América Latina y el Caribe eran territorios de negros esclavos libres, cimarrones, es de suponer que en Rivas los propietarios de la hacienda Guadalupe los ubicaron frente al cementerio Guadalupe y les dieran la franja norte del río La Pesa para sembrar, estas familias venían organizadas con su propios líderes. Rivas también fue refugio de indios de Matagalpa que venían huyendo de la conquista y la cristiandad.

Las mujeres palenqueñas se dedicaron a lavar ropa de los hacendados en su río de Oro, a ser de nana,  servir la mesa y  preparar la comida. Los pelenqueños hacían de carpinteros, albañiles, zacatero, también vemos a mulatos en trabajos de campo del cacao o en la industria del obraje.

San Sebastián

La ermita de San Sebastián, en 1751, el obispo Morel la describe por dentro y por fuera, anota que se encontraba en remodelación su estructura constructiva artesonada “con buena portada de cal y canto” y sobre su interior dice  que es “de

Imagen de Jesús del Rescata con sus manos atadas.

tres nave, adobes y teja aunque más pequeña que la parroquia”. (6) (P. 3)

El embrión urbanístico de la ciudad colonial, rodeado de haciendas de cacao contaba de 100 casas de teja y 50 de paja, y Morel agrega: “todas ellas forman cuatro calles cuadradas poco perfectas y derechas”.

Esta ermita estaba ubicada a dos cuadras del río de Oro, del mercadito o antiguo tiangue, hoy sería frente al moderno edificio de dos plantas de la Asociación de Ganaderos de Rivas (Asogari). En el primer plano de la ciudad, de1940, ese lugar se conoció como Portal de Belén por su bello arco del triunfo, que hacía de entrada de lo que fue la capilla San Sebastián.

José Jenaro Valdés, en su libro “El celo de un patriarca”, sostiene que la imagen de Jesús del Rescate fue encontrado de los escombros de una capilla que se conoció como El Portal de Belén, recién ocurrido el terremoto que flageló la ciudad de Rivas en 1844, por un vecino de Popoyuapa que se la llevó a la capilla de su barrio rural y poco tiempo después se conocieron sus muchos milagros, hasta que su fama se extendió por todo el territorio nacional. (7)

Sobre los orígenes de la imagen no hay dato firme, la referencia más antigua que se registra es en 1844, aunque ninguno de los dos autores que he leído cita fuentes bibliográficas. El padre Alfonso Alvarado Lugo afirma: “corría el año 1844 cuando un violento terremoto destruyó la ciudad de Rivas, incluyendo la pequeña ermita San Sebastián donde estaba la venerada imagen de Jesús del Rescate, la cual fue reducida a pedazos. La imagen fue restaurada y colocada en el templo San Francisco, de donde posteriormente fue trasladada amorosamente hasta el pequeño barrio de Popoyuapa”. (8)

Efectivamente, Rivas fue azotada por un terremoto, el 29 de abril de 1844,  cuyas réplicas duraron tres días. Al sismo de Rivas se le conoció como el “terremoto de las cruces”, porque “parecían a punto de derrumbarse” las cruces de San Pedro que estaban en construcción y la de San Francisco. Fue tan fuerte que provocó cambios en el nivel de las aguas de los ríos Tipitapa y San Juan. Las aguas del lago de Cocibolca también experimentaron cambios en su nivel.

Conclusión

Llama la atención los santos que había en la ermita de San Sebastián, el propio patrono de la capilla que, según el santoral católico, es para proteger a soldados y atletas. Su imagen es un hombre atado a la columna, con su dorso desnudo, penetrado por flechas en su pecho, que derrama sangre por las abiertas heridas de su costado.

 

El Nazareno es la estampa bíblica de Jesús ante los tribunales romanos. Atado de manos como prisionero,  con su corona de espina y gotas de sangre de sus labios, le recién anunciaron la sentencia de muerte: crucifixión.

El martirio de San Sebastián y Jesús doloroso son dos iconos de esclavitud,

contienen una experiencia vivida, una analogía de su existencia, como una ilustración ideologizada de su filosofía de oprimidos, un reflejo de su tragedia, que les traían recuerdos pero a la vez redención. El término de “rescate” es significativo, rescate de la esclavitud, de agradecimiento por el goce de ser hombres libres.

Esta investigación  permite concluir que “esta imagen fue traída por los pobladores del barrio El Palenque y se veneraba en la ermita de San Sebastián”. Es decir, los primeros devotos de Jesús del Rescate fueron negros esclavos cimarrones que le agradecían ser libres, de haberlos rescatados de las cadenas de la esclavitud y ser hombres de palenques.

Las imágenes de San Sebastián y la imagen de Jesús del Rescate podrían haber cautivado el amor y la devoción de estos primeros creyentes de este icono religioso de identidad cultural rivense. Bien podríamos concluir con esta proposición: Jesús del Rescate, el dios de barrio El Palenque. Así como el Yahvé del antiguo testamento, los palenqueños tuvieron su dios de los esclavos que los hizo libre y al que llamaron Jesús del Rescate.

Bibliografía

(1) Morel de Santa Cruz, Pedro Agustín. Visita apostólica, topográfica, histórica y estadística de todos los pueblos de Nicaragua y Costa Rica, hecha por el ilustre señor don Pedro Agustín Morel de Santa Cruz, obispo de la diócesis en 1751 y elevada al conocimiento de S:m: Católica Fernando VI. El 8 de septiembre de 1752. Revista del Pensamiento Centroamericano N°.  82.  Julio 1967. (Libro del mes) Página 3. Cf. Ayón, Tomás. Historia de Nicaragua: desde los tiempos más remotos hasta el año de 1852. Segunda edición. Fondo de Promoción Cultural Banic, 1993. Página 228.

 (2) Ibídem.

(3) Romero Vargas, Germán. Las Estructuras sociales de Nicaragua en el siglo XVIII. Edición Vanguardia 1987.  Página 181.

(4) Título de Villa de la Purísima Concepción de Rivas, Nicaragua. Cf. Revista Nicaraocalli No. 17, mayo-junio 1995. Página  51. Cf.  Guerrero Julián- Soriano, Lola de Guerrero. Rivas. Monografía. 1966. Colección Nicaragua No. 7. Edición Escolar.

(5) Romero Ob. cit. Página 207.

(6) Morel Ob. Cit. Página 3.

(7) Valdés Valdés, José Jenaro. “El celo de un patriarca”. Imprenta Argentina. 2007. Páginas 22-23.

(8) Alvarado Lugo, Alfonso. Navas López, Leonel. “Breve historia de la imagen de Jesús del Rescate”. En “Ven y sígueme. Conocimientos básicos que todo católico debe practicar”. Volumen I. Popoyuapa, 2014. Página 26.

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