Servicio es la vida de la empresa


Martín Montiel.

Martín Montiel

Las empresas que nacen para ofrecer un servicio, se entiende que tienen que estar preparadas para la atención del flujo de clientes.

Es muy común que alguien comienza un gran negocio con grandes estructuras, el sitio adecuado y el producto sumamente vendible, aunque tenga mucha competencia, cual es el caso de algunas tiendas, distribuidoras, farmacias, etc., pero no tienen una gran inversión en el personal adecuado para atender un sinnúmero de clientes de toda exigencia que comúnmente los vemos a diario.

 

Claridad

El empresario tiene que estar claro de que al momento de formar su empresa o negocio lo hace con el simple fin de generar ingresos; al crecer paulatinamente aprendes a manejar la empresa, al personal y tus ingresos, que es lo que esperas naturalmente al terminar el día.

 

Capacidad

Por lo tanto, si de alguna manera sientes que no estás en la capacidad de manejar el flujo o problemas que aparecen en la administración de los bienes que has formado, tienes que hacer un giro, reorganizarte y buscar a la gente  que tú creas que es capaz de ayuda a encauzarte en la línea que al principio habías trazado: crecimiento y el bienestar de tu inversión.

 

¡Turrones!

Cada vez que escribo traigo a mi mente experiencias vividas y las comparto con ustedes, con la simple y sencilla razón de exponer lo que nuestro Señor nos dio a todos por igual, inteligencia.  En ese aspecto, recuerdo, que tendría unos 10 años cuando uno de los productos que mi mamá elaboraba eran los famosos turrones —trigo reventado en forma esférica unidos con miel de atados de dulce, digo esto por si algunos de nosotros se nos olvidó su elaboración—, ese día el clima no estaba a favor del temple que a la miel se le da para que amarre perfectamente bien uno a uno el trigo, para que forme la esfera, y mi mamá me lo advirtió diciéndome: —“apúrese, hijo, váyase pronto a vender estos turrones que la miel me quedó  baja”. Era la manera decirme que si no me apuraba, los turrones se me iban a deshacer;  en efecto, salgo de mi barrio natal Popoyuapa y llego al barrio  Somoza que se le decía en aquel tiempo, ahora barrio Gaspar. En ese tiempo era un barrio de aceras altas, muy cómodo para los que salíamos a diario a vender y allí descansar.

 

Comenzaba a gritar mi venta de turrones, cuando escucho un ruido como cuando va a llover y me acomodo en una de las aceras para  dejar pasar el chubasco. En eso me percato que nada de lluvia, sino que se habían desmoronado los turrones… de igual forma, se había roto el papel que los envolvía  y cubría la pana; el ruido era ni más ni menos una gran nube de moscas que iban detrás  de mí y  de los turrones.  Afligido por lo que había pasado, comencé a armar una a una cada pelota de los turrones, ponía en práctica por primera vez mi capacidad mental; resulta que terminé armándolos todos, inclusive me sobraron varios y esa fue mi ganancia.

 

Total, ese día después del percance tuve buena venta y muy contento me quedaron monedas extras.

 

Pruebe usted mismo su capacidad y después me  cuenta. ¡Inténtelo!

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