Semblanza del compañero Izabá


Por Rafael Casanova

En días pasados falleció de muerte natural el recordado compañero Ervin Izabá Gómez y sus funerales se realizaron en su pueblo natal, Mateare. Durante los mismos, el 31 de enero de 2017, en el cementerio de Mateare, dimos unas palabras de despedida. Las siguientes líneas constituyen un resumen de las mismas:

Pocos son los rivenses que recuerdan al compañero Izabá conocido cariñosamente como el “Gordo”, gozaba de un amplio reconocimiento nacional por su experiencia en el campo de la sociología, como promotor del cooperativismo y por su trayectoria destacada en los años sesenta y setenta, en el movimiento estudiantil universitario.

Celia

A Rivas lo vinculo la flecha de Cupido, porque se le robó el corazón una rivense: Celia  Ruiz Barrios, con quien contrajo matrimonio en 1970 y procreó a   Ervin Martín, Ana Celia, Rodolfo Alcides, Raquel Dolores y Carlos Ricardo, todos de apellido Izabá Ruiz.

Fue este vínculo que lo ligó,  sin pretenderlo, al movimiento revolucionario organizado de Rivas, por las visitas periódicas a casa de sus suegros en el barrio Monte San Juan. A pesar de que habían líneas diferentes entre un movimiento  departamental controlado y dirigido por los socialistas, él siendo sandinista  mantuvo  relaciones respetuosas y se le permitió tomar la palabra en distintas ocasiones. Entre estas, se recuerdan su fogosa intervención el 1 de mayo de 1971 en la Casa del Obrero; y la conferencia magistral sobre el triunfo de la Revolución cubana, celebrada 1 de enero de 1971, con la cobertura de un paseo en una quebrada ubicada en la comarca La Chocolata.

Política

Ervin nació el 25 de diciembre de 1940 en el municipio de Mateare, siendo sus padres Alcides Izabá y Dora Gómez. Desde su adolescencia sintió una fuerte inclinación por la participación en la política, como tal, le tocó ser partícipe y testigo de muchos acontecimientos, como parte de la Juventud Conservadora desde el año 1961, vivió el ascenso del Dr. Agüero Rocha, antes de constituirse en el principal dirigente de la oposición. A mediados de los años sesenta, su inquietud por las luchas propiamente sociales lo alejó del conservatismo y lo llevó a las filas del socialcristianismo.

FER

Ya en el mundo universitario la UNAN-Managua, tuvo la oportunidad  de realizar una capacitación en la hermana república de Chile en 1966 y, según su testimonio,  fue testigo de la división de los democristianos chilenos entre los radicales que formaron el MAPU y los que siguieron con la línea derechista de Eduardo Frei. En este escenario, absorbió el discurso de los primeros y a su retorno no logró que los socialcristianos nicaragüenses adoptaran una posición más radical.  Una situación lo llevó a conectarse con los dirigentes sandinistas Ricardo Morales Avilés y Julio Buitrago, convirtiéndose desde entonces en uno de los principales activistas del FER en el Recinto Universitario Rubén Darío (RURD).

Muchos de sus contemporáneos lo recuerdan defendiendo las posiciones del Frente Sandinista, en el Auditorio 12 o en los pasillos del RURD, ante sus excompañeros socialcristianos y los socialistas de la Unión Democrática de Estudiantes (UDE).

Formador

También se le recuerda como el maestro de nuevas generaciones de revolucionarios, porque dada su formación política ideológica, se le  asignó la responsabilidad de capacitar a los nuevos cuadros del FER, y del FSLN, entre los que se pueden destacar “La Gata” Munguía y Bayardo Arce Castaño.

Durante el período revolucionario de los años ochenta ocupó distintas responsabilidades como funcionario del CNES y de la Conapro, escritor del IES, etc.,  sin dejar de poner en práctica su vocación de catedrático, tanto en la UNAN como en la UCA.

Cooperativista

En los años noventa, continuó en su labor como capacitador de cooperativas, la que pudo desarrollar hasta que sus facultades físicas se lo permitieron, porque un luchador como él no estuvo en condiciones de enfrentar el diabetes, una enfermedad que lo vino minando hasta provocarle una ceguera casi total y finalmente lo condujo a su deceso el 29 de enero del presente año.

Entre las cosas que recordamos de su presencia en Rivas, además de lo mencionado, fueron las polémicas que se dieron entre él y los compañeros Miguel Bejarano, Carlos Lara, Rubén Jiménez e incluso con mi persona. Eran los tiempos de nuestra adolescencia revolucionaria, y el escenario de tales eventos era la casa de los Ruiz Barrios, en donde él pernoctaba para los días de Navidad y Semana Santa.

Una situación que vino condicionando, no un distanciamiento sino el aprecio mutuo que nos guardamos y que se reforzó tras el triunfo revolucionario de 1979. Fue una persona de palabra firme, muy elocuente al momento de exponer sus puntos de vista y no desaprovechaba un espacio para insistir en la necesidad de organizarse y luchar contra el sistema somocista. Lo mismo en una conversación personal, que en una mesa de tragos o cualquier evento social.

Ervin Izabá Gómez

Mística

En una de las entrevistas que le hicimos, contaba que en cierta ocasión ya durante los años ochenta, un colega profesional le comentó sobre su excesivo desprendimiento material y que alguien de su capacidad debería de vivir en mejores condiciones y que tenía una visión demasiado existencialista. A lo que él respondió: “hombre sé que lo dices con sinceridad, pero te aclaro yo no me metí a revolucionario para vivir en una mansión, ni para tener un carro último modelo y todo lo demás, me metí a revolucionario para mejorar las condiciones materiales y espirituales de la sociedad y vivir según estas mismas condiciones”. Estas palabras resumen el carácter de alguien como Ervin Izabá, quien llevó una vida muy modesta, hasta el fin de sus días, siendo leal en la práctica a sus convicciones revolucionarias.

Algunos de los lectores quizás no comprendan este tipo de conductas, cuando paulatinamente se ha venido devaluando la mística revolucionaria de aquella época y se considere hasta tontos idealistas a quienes pensaron —o piensan— de esa manera en ese tiempo. Habría que sentarse a reflexionar y recordar que, en perspectiva histórica, esa fue la mística heredada de Sandino, Carlos Fonseca y otros revolucionarios. El compañero Izabá no hizo más que cumplir con ese legado.   ¡Gloria eterna al compañero Ervin Izabá!

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Un pensamiento en “Semblanza del compañero Izabá

  1. Rafael: es encomiable tu labor en el rescate y la creación de la memoria colectiva; que aunque tiene sus carencias en cuanto a veces deforma es, en realidad, la que va construyendo la reserva de coraje de nuestro proceso y apuntalando la nación que queremos. Parafraseemos a Sandino y digamos que si morimos, no importa porque siempre habrá quienes nos sigan si consolidamos ejemplos.

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