Tríptico de Nicaragua de Rubén Darío


Víctor Selva Gutiérrez.

¡Última hora!

Víctor Ignacio Selva Gutiérrez falleció el 9 de abril de 2017 en Managua a la edad de 77 años, nació en Rivas el 16 de junio de 1940, fue enterrado en su querida ciudad natal,  en el cementerio de San Pedro.

Esta sección se creó por decisión de la dirección y el consejo consultivo de la revista en el año 2000 y de inmediato llegaron a las colaboraciones del Dr. Selva a tal punto de convertirse en el editor permanente de la sección durante 17 años; por consiguiente, esta es la última “Página dariana” del Dr. Selva (q.e.p.d.).

 

Víctor Ignacio Selva Gutiérrez

TRÍPTICO DE NICARAGUA

Víctor Selva Gutiérrez

Presentación

De la obra de Rubén Darío, “Del chorro de la fuente” he escogido el poema titulado “Tríptico de Nicaragua”, en el que Darío vive y siente la nostalgia de su patria. La palabra tríptico es muy utilizada por los pintores donde en la tabla central pintan lo más importante y en las tablas laterales las partes complementarias. Como se sabe Rubén fue un poeta musical y también pictórico.

En una de las partes del poema, Rubén nos habla del terremoto, fenómeno que ha sufrido Nicaragua a lo largo de su historia por ser un país muy sísmico. Por ejemplo, en la ciudad de Rivas se registró un terremoto en 1844 y en otras ciudades de Nicaragua ha habido también terremotos, como en Managua y León, a lo largo del siglo XIX.

 

Tríptico de Nicaragua

Rubén Darío

  1. LOS BUFONES

Recuerdo allá en la casa familiar, dos enanos

como los de Velázquez. El uno, varón, era

llamado “el capitán”. Su vieja

compañera era su madre. Y ambos parecían hermanos.

 

Tenían de peleles, de espectros, de gusanos;

él cojeaba, era bizco, ponía cara fiera;

fabricaba muñecos y figuras de cera

con su chicas, horribles y regordetas manos.

 

También fingía ser obispo y bendecía;

predicaba sermones de endemoniados enredos

y rezaba contrito pater y avemaría.

 

Luego, enano y enana se retiraban quedo;

y en tanto que la gente hacendada reía,

yo, silencioso en un rincón, tenía miedo.

 

2.EROS

Es mi juventud, mi juventud que juega

con versos e ilusiones, espada de oro al cinto;

hay en mi mente un sueño siempre vario y distinto,

y mi espíritu ágil al acaso se entrega…

 

En cada mujer miro una ninfa griega;

en poemas sonoros sus frescas gracias pinto;

y esto pasa al amor del puerto de Corinto,

o en la rica en naranjas de almíbar, Chinandega.

 

¡Tiempo lejano ya! Mas aun veo azahares

en los naranjos verdes impregnados de aromas,

o las viejas fragatas que llegan de los mares

 

lejanos; o el hicaco, o tupidos manglares;

o tú rostro adorado en ese tiempo, asomas

con primeros amores y primeros pesares.

 

III. TERREMOTO

Madrugada. En silencio reposa la gran villa

donde de niño supe de cuentos y consejas,

o asistí a serenatas de amor junto a las rejas

de alguna novia bella, timorata y sencilla.

 

El cielo de constelaciones brilla,

y su oriente disputan suaves luces bermejas.

De pronto, un terremoto mueve las casas viejas

y la gente en los patios y calles se arrodilla,

 

Medio desnuda, y clama: “¡Santos Dios! ¡Santo fuerte!

¡Santo inmortal!” La tierra tiembla a cada momento.

¡Algo de apocalíptico mano invisible vierte!…

 

La atmósfera es pesada como plomo. No hay viento.

Y se diría que ha pasado la Muerte

ante la impasibilidad del firmamento.

 

París, Francia, 1912.

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