La novia de Tola (comedia en cuatro cuadros) (III entrega)


Por Alberto Ordóñez Argüello

CUADRO TERCERO

Escena y teatro a oscuras. La Trigueña y la Moza salen de entre bastidores, al subirse el telón, vestidas con trajes blancos, humildes. Darán unos cuantos pasos bien marcados y se detendrán. Se oyen silbos de aves nocturnas.

ESCENA PRIMERA

LA MOZA Y LA TRIGUEÑA

La Moza.  —No tengas miedo, Trigueñá. Yes estamos onde Ña Serapia. ¿No vis un rancho entre las guelenoches y risedas? Esas jlores sirven pa brujeriya.

La Trigueña (medrosa). —Creme que me troteya el corazón y tengo un friyito en la nunca. Mejor golvámonos

La Moza.  —¿Golverse? ¡Bonito está! ¿Questás creyendo vos? ¡Ni quiera Dios lo brava que se pondría Ña Serapia!

La Trigueña (insistente). —¿Qué nues mejor venir con el diya? ¡Es que nuay ni luna! ¡Con esta oscurana tan negra, como un comal! ¡Por más que quiero no me veyo ni la palma de la mano!

La Moza. —Es que agora sale la luna hasta que canten los gallos.

La Trigueña. —Entonces aguardémolo pa mañana…

La Moza. —¿Pa mañana? ¡Que ni loca! ¡Ña Serapia lo redijo que solo en viernes siace brujeriya… ¡Uf! ¡Qué yede a zorrro! ¡Cuidado con que te miya!

(Pausa) (se oye cantar una cocoroca).

La Trigueña —Ya cantó la cocoroca… ¡Qué oscurana!

La Moza. —Gueno, ya es la medianoche… ¿No mirás un palencón al lado izquierdo?

La Trigueña. —Sí que lo oigo, pus no lo veyo… Se me asemeja guácimo por el ruidaje que hace con el viento.

La Moza. —Pus ay que darle tres golpes en el tronco con la vara que nos dio Ña Serapia y ques la manera como se le llama a las brujas.

(Se oyen tres golpes secos).

La Moza. —¡Ña Serapiaaaa! ¡Ña Serapiaaaa! ¡Ña Serapiaaaa! Aquí lo estamos… (Una voz cavernosa y fea contesta del fondo de la escena). (Es Ña Serapia).

ESCENA SEGUNDA

DICHAS Y ÑA SERAPIA

Ña Serapia (tosiendo, de adentro) —¡Ya voooooy!

(Una silueta de vieja coja surge en la escena con un bordón. Su voz se oye junto a la Trigueña y a la Moza a partir de este momento).

Ña Serapia. —Asigun colijo, esta es l´hora del malificio… A ver… ¿La oyeron cantar la cocoroca?

La Moza. —La Trigueña asegura que la oyó.

Ña Serapia. —Buena, pus voir a traer el paniquin de los polvos, la cera, el aljiler y otras yerbas por si faltan… Ajúntemen la basura del suelo pa hacer un jogón

(Ruidos de hojas secas. La bruja regresa hacia el fondo tosiendo y sonando su bordón).

La Trigueña (con voz trémula). —¡Si lo estoy sudando de miedo, lacito! Me parece que manos envesibles me agarran por la centura y como que se me besa un gran murciélago de la montaña.

La Moza (con decisión). —Pus cogé valor y no te aflojes que eso lo echa de ver Ña Serapia y braveya juriosa. Ayúdame a recoger la basura pal jogón y dejate de ispaviento.

La Trigueña (ayudándole a recoger la basura). —¡Es que me parece que hasta las hojas se arremolineyan… Las agarro y se me van de la mano como pejes o cosa viva.

La Moza (colérica). —¡Ah carajo! ¡Ya no te aguanto, Trigueña! (Pausa brevísima) ¡Shsssssst! Callate que hay viene la vieja…

(La bruja vuelve siempre tosiendo y marcando el paso con el bastón. Trae además un tizón con el cual hace círculos cabalísticos en el aire).

Ña Serapia. —¿Y diay? ¿Ya me tienen hecho el montón?

La Moza. —Sí, Ña Serapia.

Ña Serapia. —Aja, pues vuá a prenderlo. Debe ser sin jójoros

(Una llama ilumina de pronto la escena y se enciende una hoguera. Es hasta este momento que el público mira a la vieja situada tras el fogón y a la Trigueña y la Moza a sus lados. La bruja saca de su blusa un potecito que pone en el suelo y empieza a murmurar la siguiente jerigonza:

Ña Serapia (extendido un brazo sobre el fuego).

Para el montaje se requieren 14 trajes de los personajes que entran en escena.

“Oy lo es viernes y reviernes,

la medianoche así creyo.

Ya cantó la cocoroca

y anda que te anda el cadejo.

La Luna saldrá en la punta

del cerrito ´e las Maderas,

pa hacerse leche en las vacas

y polvillo en la calera.

El diablo monta una cegua

con ojos en las orejas.

Yo lo llamo mi compadre

y viene todos los viernes.

Hasta los llanos de Olancho

mi imbrujo corre derecho

pa los amores torcidos

y los males sin remedio.

Al tuerto le pego un ojo

que mira más más dende lejos,

y pa la mujer sin criya

yo tengo siempre una yerba.

¡Si supiéranlo en el Sur

lo que es la jlor de romero!

La bruja de Nancemí

lo que dice nues de mencha,

como que sabe adormir

los atajos con reseda.

Un sapo dejo en la panza

que ni lo quita el dinero

y ardor en los corazones

que ataca también al seso.

Del polvo del mapachín

siete locas me trajeron

y con las siete contras miyas

mejoradas se golvieron.

Agora istoy apurada

con esta joven morena

burlada por su jalón

después de la luna llena.

Yo le tiraré mis polvos

pa que ardan en este fuego

y tras echizarlo a ese hombre

hagan que güelva donde ella.

Oy es viernes y reviernes,

contra, recontra que siento

juntarse los malos aires

que corren sobre la tierra.

Si el diablo viene, que venga

pero en burro sin orejas,

que yo agarraré mi escoba

pa ir a salirle de encuentro.

Jogón, jogoncito tengo

pa vos dos cosas muy viejas,

un guacalito de incienso

y una rama de romero”.

(La bruja toma del suelo el incienso y lo echa sobre el fogón. Luego tira el romero).

Ña Serapia (dirigiéndose a la Trigueña). —Agora tomá esta cera y escupila hasta que esté dé punto. (Se la entrega).

La Trigueña (temblando al recibirla). —¿Ques eso e punto que no lo intiendo?

La Moza. —Pus guanaca, de punto como el dulce de la melcocha…

Ña Serapia (colérica). —¡Atajen la singueso que estoy por hacer el conjuro!… (Se tapa la cara con sus sarmentosas manos).

La Trigueña (pasándole la cera a la Moza, le dice al oído). —Ponela vos a punto y me la golvés en lo que reza, pus yo no puedo…

La Moza (realizando la maniobra, le dice a la Trigueña). —¡Babosa! (Al minuto de la devuelve) Tomá y dala cuando te la pida.

Ña Serapia (saliendo de su concentración). —A ver la cera…. (Tomándola) Guen punto tiene. Vuá ser la figura del imbrujado… (A la Trigueña) Decímelo, comues tu jalón ¿pataconcito o campirano?

La Trigueña. —No lo es campirano ni pataco, es…

La Moza (interrumpiéndola). —Ni es camagua ni elote ese bandido…. A decir verdá, nues feyo el hijo e su mama.

Ña Serapia  (cortante). —Agueno… (Mientras forma un muñeco con la cera). ¿Y tiene pansa?

La Moza (rápida). —Ni pa echarle un sapo milpero.

Ña Serapia. —Agora deseyo una ebra e pelo e la morena.

La Trigueña (extrañada). —¿Una eeeeebra?

La Moza (arrancándosela a la Trigueña). —Sí, niña, una ebrita e pelo…. ¡Paecés dunda!

La Trigueña. —¡Aaaay!

Ña Serapia  (airada, a la Trigueña). —Veya, si sigues asá me va a rumper el malifisio… Coja juelgo y arrempújele este aljiler onde se asemeja el corazón… (La Trigueña, temblando, hace lo que le dicen). Arrempújele hasta la cabeza el aljiler... ¡Así seace! Agora tenelo pa conjúralo con la Oración de Santa Elene que tiene una gran virtú:

Aljilerito, aljiler,

por la virtú que vos tenés,

hace que guelva otra vez”.

 

ORACIÓN

¡Oh gluriosa Santa Elena! Madre del gran Contantino, emperador romano. Vos que siendo rey y reina del Monte Olivet fuiste por tu entreñable amor al Siñor Jesú; yo quiero vuestro poder pa conseguir lo que agora deseyo, de los tres clavos de nuestro siñor Jesucristo, imitación de los que vos perdistes: el primero doy a vuestro padre el gran Contantino, por lo cual queda en vuestro poder; otro lo tiro al agua como lo tirastes al mar para salvación de los navegantes y el último lo dedico a ese tal don Juan, burlandor de la Trigueña, para que lo claves en su corazón a fin de que no pueda comer, dormir ni sentarse a hablar con mujer ni hombre, no teniendo reposo un momento, hasta que por vuestra voluntá se rinda a sus plantas. Si esto que deseyo me es concedido por tu medio yo seré todo mi vida primera en venerarte hincándome en polvo, por los siglos de los siglos, Amén.

La Moza —¿Y quiay que aser con ese imbrujo?

Ña Serapia —Que lo ande bien enguelto, metido en el buche o colgado como camándula por adentro y que nadie se lo sepa. No creyan que el resultado lo va a tener al mismo momento, pue ni que juera por el alambre del telégrajo.

La Moza. —Ta bien, ña Serapia… ¿Y a donde lo será el imbrujo?

Ña Serapia. —Como te lo dije ayer, pus en la mera iglesia cuando istén como llorando las candelas de cebo virgen y repiqueteando las campanas, y el Señó Cura los ajunte a los de la boda, la cual no se efertuará, lo juro por mis justanes…. (A la Trigueña). ¿Gueno y vos? Embuchacate eso en la blusa… Y no me quedes mirando como si fuera aparecida. (La Trigueña introduce en su corpiño el muñeco, no sin cierta repugnancia).

La Moza. —¿Y en cuanto es que le adeudamos por todo esto?

Ña Serapia (balanceándose con un dedo sobre los labios). —A ver… Un centavo e cera… medio de aljiler… Va pues, cinco riales por toito el imbrujo… (Riendo con tos). ¿Cómo no vua a cobrarle barato a esta muchacha inamorada? Todo el tiempo los casos de amor me quen en gracia… Agora una, mañana otra y todas isperando ser felices.

(La Moza saca un pañuelito del buche, desamarra un nudo de una punta y entrega a la vieja unas moneditas que allí guardaba).

La Moza. —Le quedamos en deber un rial… Nuando lo completo, pero en una pasadita…

Ña Serapia. —Nuimporta. Me lo pagás de gas en la venta e la Maclovia, pus se lo debo.

La Moza. —Ta bien, ña Serapia. Mucha gracia por toito lo que nos hizo…

(La Moza se dispone a irse. La Trigueña la sigue).

La Trigueña —Guena noche tendrá usté

Ña Serapia —Guena noche, hijas…  Ay me lo dicen el resultado… Ya lo saben, en la mera iglesia… Arretírense lo más que puedan en el camino hasta onde les dé lumbre este jogón.

CAE EL TELÓN

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