Karen Molina, artífice del mantenimiento vial, sobresaliente siempre


Ing. Karen Deyanira Molina Valle en medio de un mundo de varones de la ingeniería civil.

 

Por Maritza Vargas

Viajamos de Rivas hacia la capital, para dirigirnos a las instalaciones del Fondo de Mantenimiento Vial (Fomav) y sostener una entrevista con su directora ejecutiva, Ing. Karen Deyanira Molina Valle, de cara a la edición especial de nuestro 25 aniversario.

Karen Molina, originaria de La Virgen, barrio rural de Rivas, estudió su primaria en la escuela local hoy Raúl Barrios, la secundaria en el Instituto Nacional Rosendo López. Ingeniera agrícola por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) e ingeniera civil con un máster en ingeniería vial, por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

Una mujer de pequeña estatura y menuda complexión, pero determinante y  competente como profesional. Dirige eficientemente esa  institución, cuya misión es garantizar el mantenimiento vial a nivel nacional, donde transitan personas, vehículos y mercancías. Felizmente casada, con dos hijas. Profesional realizada, con una actitud positiva hacia la vida, una convencida que se puede salir adelante si le dan una oportunidad. A continuación la entrevista:

 

¿Cuál fue su trayectoria de liderazgo profesional para llegar a ser directora del Fomav?

Karen Deyanira Molina Valle, directora del Fondo de Mantenimiento Vial (Fomav)

Realmente es toda una historia, inicié a trabajar a una edad muy temprana, escasamente 16 años. Salí de Rivas, mi pueblo en los años 80, para buscar nuevas oportunidades en la capital. Mi primer trabajo fue como auxiliar administrativa en el hoy  Ministerio de Transporte e Infraestructura, cuando apenas culminaba el ciclo básico de bachillerato. Completé  bachillerato  en horario nocturno, en el instituto Gaspar García Laviana de la capital, combinando el tiempo con trabajo y estudio.

Con modestia aparte, siempre fui una estudiante destacada en mis años de educación  primaria y secundaria. Tengo excelentes  recuerdos de mis profesores de primaria, en aquella escuelita de La Virgen, todavía me emociono recordar a la profesora Mirna Obando Arias; ella está en Rivas y gracias a Dios  aún vive;  excelente profesora a quien le debo mis primeras letras.  Estudié ciclo básico en el Instituto Nacional Rosendo López, recuerdo al profesor Masis, Humberto y Francisco Delgadillo que ya fallecieron, a mi profesora de español Normita Granja, Esperancita Martínez, Napoleón Zepeda y  cuantos más, a los que les agradezco de manera infinita.

El Ministerio de Transporte e Infraestructura fue mi principal influencia para definir la carrera universitaria que debía estudiar; así que en 1983, ingresé a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional Autónoma (UNAN-Managua), donde cinco años más tarde obtuve el grado de ingeniera agrícola, con especialidad en hidráulica. Mi trabajo siempre ha estado relacionado con la actividad vial; en 1995, ingresé a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), donde un año más tarde culminé mis estudios como ingeniera civil. Consciente de la necesidad de aprender o actualizar conocimientos, he realizado una serie de capacitaciones a nivel nacional e internacional; entre los que se destaca una especialización en administración de pavimentos, desarrollada en Dinamarca, y un máster en ingeniería vial en la UNI.

En 1997, asumí la Dirección de Mantenimiento de Caminos del MTI y en el año 2000, la Dirección General de Vialidad.

Desde esa dirección, se trabajó de manera intensa en la propuesta de ley para la creación del Fondo de Mantenimiento Vial, con miras a que funcionara como un ente autónomo, con independencia técnica y administrativa, de cara a la conservación de la red vial. La ley de su creación quedó aprobada en el año 2000.

Es en el año 2002, me retiré del MTI y pasé a prestar mis servicios al nuevo Fomav; siendo en ese entonces cuando esta  institución inició sus primeras intervenciones de mantenimiento en la red vial, con recursos provistos por organismos financieros internacionales; comenzando su proyección, trabajo que se ha consolidado a través del tiempo.   Personalmente siento una gran satisfacción,  ya que he estado inmersa en este esfuerzo desde sus inicios.

En esta institución he desempeñado varios cargos; inicialmente me desempeñé como administradora de proyectos, enseguida directora técnica, hasta el cargo actual como directora ejecutiva.

¿Cómo no sentirme satisfecha si he sido testigo del nacimiento y desarrollo de esta institución, que hoy rinde muy buenos frutos para Nicaragua? Eso también va con mi realización como persona y profesional. Mucho más aún, cuando para abrirse camino en el campo  de la ingeniería, no es tarea fácil para nosotras.

 

¿Cuáles han sido sus principales logros para el Fomav?

Con modestia aparte, la eficiencia del Fomav es percibida de forma clara; los resultados son tangibles. Es una institución que ha venido consolidándose y mostrando la eficacia del modelo, yo solamente lidero un grupo de personas que ponen lo mejor de su empeño en cada proyecto de carretera. Obviamente cargo con una gran responsabilidad, pero el reconocimiento es para el colectivo. Tenemos aún muchos pendientes y seguiremos trabajando con el compromiso de ser cada vez mejores; seguir construyendo una institución que se constituya en un modelo de gestión, que sea referente a nivel nacional y centroamericano.

 

¿Cuál es su visión de Rivas en material vial?                                                

Rivas,  el pueblo en el que nací y el cual extraño, lo visito con frecuencia. En mi opinión, el departamento cuenta con las rutas principales en aceptable estado: Panamericana, Rivas-San Jorge, Rivas-Tola, La Virgen-San Juan del Sur, Sapoá-Cárdenas y otras rutas que conectan el municipio; no obstante, hay que trabajar en las zonas rurales y garantizar mejor condición de conectividad al sector productivo y turístico; por ejemplo, cito  las siguientes rutas: Rivas-La Chocolata-San Juan del Sur, El Genízaro-Las Pampas, Colón-El Papaturro, etc. Este último en el borde fronterizo entre Nicaragua y Costa Rica, y colindante con el río San Juan.

Si hablamos de la parte urbana, la ciudad ha crecido, igual que el parque vehicular; sus calles demandan un ordenamiento y rehabilitación. Hay trabajo pendiente, y nos corresponde a todos hacerlo posible.

Karen Molina

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