Mesón López, embrión de los hostales y mercados modernos


Casa Maliaño, embrión del actual mercado.

Sergio Espinoza Hernández

El Mesón López eran inmenso, de 16 piezas, más dos casas de habitación en las esquinas; en una de ellas vivía su propietario José Antonio López Guerra, uno de los principales cacaoteros, patriarca de la ciudad. Fue valorado en 8,340 pesos fuertes, según el último dato que conocemos, el testamento de su dueño escrito el 21 de octubre de 1868 y muy bien conservado en el archivo de la Fundación López, en el Asilo de Rivas. (1)

El nombre de los mesones se lo daba el apellido de sus dueños, como la marca comercial. Eran una especie de tiangue en transición a los mercados modernos, particularmente de víveres; más su área de albergue a los forasteros, embrión de los hostales modernos. Los mesones estaban ligados al comercio y al turismo, reglamentados por la prefectura del gobierno local.

Hostal

El Mesón López alquilaba los cuartos de una de las casas esquinera, los forasteros que se hospedaban, pagaban cierto precio, cinco centavos si permanecían más de tres días. Contaba con un enorme solar con un corral para amarar a las bestias, pagaban 5 centavos por cada una diario, pero podían permanecer sin mayor gasto hasta tres días. (2)

Mercado

El pago de las piezas a los vendedores dentro del mesón era de 2 reales fuertes por cada venta. En el área de mercado se reglamentaban las pesas y las medidas autorizadas por la municipalidad, si eran alteradas sufrían pena

Casa Maliaño, hoy.

de 2 pesos de multa cada vez que se verificara. También se velaba por la calidad y buen estado de los productos, si los agentes de la policía encontraban productos averiados o frutas malas aplicaba multa de 2 pesos.

Mesonero

Los mesoneros adquirían la obligación de limpiar las piezas que componían el edificio todos los días, el patio, los corrales y los  pasillos interiores, si no cumplían se  “castigaba con veinte centavos de multa”. Se encargaba de abrir las puertas “desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, teniendo cuidado de que todo quedara bien seguro en la noche”.

Regulaba los precios de los productos en tiempo de escases  y las ventas, podía imponer que se vendieran no al por mayor sino al por menor, “pero pasados tres días puede el dueño de dicho artículo venderlo  por mayor”.  Hacía papel de vigilante, podía reservarse el derecho de admisión si consideraba sospechosa a la persona. El mesonero pagaba el doble si “el viajante” era objeto de robo cometido por  algún empleado, “pero si el delincuente fuese un extraño… solo estaba obligado al pago de la cosa hurtada”.  Velaban por el orden y la moral dentro del mesón.

Mesonage

La tarifa de pago por los servicios que prestaba el mesón era regulada por la municipal, se pagaba por entrar con productos: una carga introducida pagaba 1 real, por los cerdos que llegaban para vender se pagaban 10 centavos por cabeza. Las carretas cargadas de víveres y otros artículos pagaban 25 centavos. Nadie estaba exento de pago de los derechos de mesonaje. Si el comerciante no pagaba cumplidamente con el arancel, “el mesonero está autorizado para retener los efectos o intereses de su pertenencia en cantidad equivalente, conforme la ley”.

Obligaciones

El mesón juegaba la función de combatir el contrabando de mercancía y en pro de legalizar el comercio justo, por consiguiente, los vendedores con cargas para el expendio en la ciudad estaban obligados a alojarse en un mesón donde se verificara y constatara la carga. De conformidad a la ley del 11 de mayo de 1835, se multaba a los individuos que compraban comestibles en los caminos o casa donde no fuera mesón, con “la tercera parte del valor de la cosa comprada” y si no se conocía precio se imponía una multa de 1 a 5 pesos si hubiese denunciante. Si un forastero no se hospedaba en un mesón, se podía dar parte a los agentes de la Policía o a los alcaldes constitucionales para hacer efectivo el reglamento. (3)

Los originarios de San Jorge eran los únicos que podían entrar a los mesones si pagar para abastecer a la población de maíz y plátano.

Reseña

El Mesón Espinoza quemado por Mongalo según el pintor Juan Bush.

Los mesones en la historia de la ciudad de Rivas están ligados con las tácticas militares aplicadas en la Guerra Nacional: el Mesón Espinoza fue quemado por el héroe nicaragüense Enmanuel Mongalo en la primera batalle de Rivas en 1855 y el mesón de Guerra por el héroe costarricense Juan Santamaría en la segunda batalla de Rivas, en 1856. El primero estaba ubicado del museo de Rivas 100 metros al sur y el segundo del edifico de Asogari 20 metros al norte. Ambos fueron reducidos a cenizas para expulsar a los filibusteros esclavistas al mando de William Walker que se parapetaron tras sus muros fortificados y las comodidades que ofrecían para la tropa. El Mesón López es uno de los edificios sobreviviente de la Guerra Nacional, pero si fue una de las propiedades confiscadas por Walker a don José Antonio López. (4)

Ubicación

El Mesón López estaba ubicado en el centro de la ciudad de Rivas. Sus linderos eran entre las calles Nacional, Independencia y El Porvenir.

Propietarios

José Antonio López Guerra falleció el 8 de septiembre de 1868. Heredó el Mesón López a la viuda, Rosalía Carazo Aranda, su esposa legítima, y a sus hijos López Carazo; se le hizo entrega del bien el 18 de enero de 1869. (5) Una vez muerta doña Rosalía se lo heredó a sus hijos. En la administración de don Rosendo López, esa propiedad tenía cinco condueños, todos mayores de 60 años; la ubicación que da don Rosendo en su testamente es “una casa en esta ciudad entre las calles Nacional y el Porvenir”. (6)

Litigio

Pedro José López se presentó a la municipalidad para aclarar un litigio por una pared del Mesón López, y expuso: “que conviene a mi derecho y a los demás coherederos de quienes soy hermano legítimo, poner en claro la

El mesón Guerra que quemó el héroe costarricense Juan Santamaría en la segunda batalla de Rivas, en 1856, según el artista Enrique Echandi Montero.

propiedad de una pared de adobe y otra de horcones de la casa de la ciudad de Rivas, con el nombre de Mesón de López, cuyas paredes están situadas de norte a sur y en el límite de nuestra propiedad con los herederos de don Pablo Torres y con don Francisco Luis Martínez”. (7)

Este proceso duró varios días, el juez mandó a citar a Hipólito, Manuel, Agustín y Pablo Torres, herederos todos del finado Pablo Torres, y a  los testigos Trinidad Torres de Maliaño, don Miguel Vidaurre y su esposa Victoria Torres.

También se mandó a citar para brindar declaración jurada a la otra parte involucrada: a Francisco Luis Martínez y a los testigos Urbino Villagra y Deciderio Guzmán, “para que digan si les consta que su difunto padre José Antonio López edificó en terreno propio dicha pared de adobe y si esa pared era exclusiva de mis padres”.

Fueron citados como testigos el 7 de enero de 1887, Dionisio Hernández y Pedro Bonilla para “que digan si les consta que esa pared es de los herederos de José Antonio López y para que digan el año en que se edificaron las referidas paredes”.

El primer testigo que se presentó fue Urbino Villagra, de Popoyuapa y agricultor, quien después de ser juramentado dijo: “cierto que don José Antonio López edificó en su propio terreno y con su propio dinero la pared de adobe divisoria entre su casa y la de don Pedro Torres. Le consta porque él trabajaba como operario en la casa de López… Fue edificada entre la revolución de Somoza (Bernabé) en el año 1849 y la de los democráticos en 1854”. (7)

El segundo testigo Disiderio Guzmán, de 70 años de edad, de oficio jornalero, declaró: “la pared era exclusiva del finado López y como el señor Torres carecía de recursos para hacer ese trabajo, el señor López le ofreció y en efecto le dio regalado algunos materiales para ayudarle en la edificación. Que la fecha no la puede precisar, pero sí recuerda muy bien que fue después de la guerra del 49 y antes de la 54, en la época que don Fruto Chamorro fue Perfecto de este departamento. Que todo lo que declara le consta porque sirviéndole al señor López en su trabajo como mandador tuvo la ocasión de presenciar los hechos que se refiere”. (9)

Sobre la otra pared el testigo Dionisio Hernández, de oficio carpintero, declaró: “que le consta que la pared de horcones que divide la casa de los señores López con la de Francisco Luis Martínez fue edificada en terreno y con fondos propios de Pedro López, por cuya razón esa pared es de la exclusiva propiedad del señor López y su familia. Que esto le consta, porque declara en su carácter de maestro de carpintería que edificó esa pared”.

Don Dionisio además precisó: “que los señores López interesados en que esa pared se cargara al lado de don Francisco Luis Peinado, quien era el dueño del solar y que hoy es de don Francisco Luis Martínez, y como el señor Peinado no se ponía de acuerdo con los López en el precio de su construcción, los señores López le ofrecieron y en efecto le dieron diez pesos sencillos para que dejara edificar. Que entre el solar de los señores Torres y don Francisco Luis Martínez había un pedazo de pared desbarrancada, abrazando parte del solar de los señores Torres y parte de don Francisco Luis. Cuyo pedazo de pared la edificaron los señores López a su costa”.

El señor Herrera también dio referencia al tiempo del hecho: “que no puede precisar la fecha porque no la recuerda, pero sí puede asegurar que esa edificaciones fueron hechas después y con mucho de haber concluido la guerra de los filibusteros”.

Las declaraciones de los testigos fueron dadas ante el secretario Manuel Zamora, entre el 7 y 10 de enero de 1887. (10)

Actualidad

Este edificio del Mesón López y sus dos casas esquineras, antes de morir Rosendo, Susana y Rosario, los hermanos López, lo heredaron a la juventud estudiosa, para ser sede del Instituto de Varones de Rivas y el colegio de señoritas Sagrado Corazón de Jesús, posteriormente fue sede del Instituto Rosendo López en tiempo de los frailes dominicos hasta 1964, bajo la dirección del laico Abraham Grimber, que se traslada a su nueva sede donde actualmente se encuentra. El edificio fue ocupado para albergar a la escuela General Somoza, en la insurrección popular de 1979 fue bombardeado por la Guardia Nacional y después de la guerra el lote fue ocupado por la Policía Nacional para edificar su cuartel Comandante Ezequiel (un maestro), hasta la fecha.

Entre la comunidad educativa y familias rivenses originarias  he encontrado opiniones que este edificio sea devuelto por la Policía Nacional para el desarrollar de la educación y la cultura en pro de la juventud rivense, de conformidad a las intenciones benéficas de la familia López. Una oportunidad para que la institución castrense construya un nuevo edificio más cómodo para los oficiales y espacioso para los privados de libertad.

Bibliografía

(1) Testamento de José Antonio López Guerra. Escritura pública, manuscrito del escribano Salvador Castrillo. Certifica la partición de sus bienes. Rivas 1869. Archivo de la Fundación López Carazo (AFLC). Libro de documentos: “Títulos de las haciendas La Unión y El Rosario y demás propiedades de López hermanos”.  Agradezco a la hermana Cecilia Blanco Cubillo, directora del Asilo de Ancianos,  el facilitarme la consulta del archivo de la Fundación López Carazo.

(2) Reglamento de Mesón dictado por el prefecto de Granada. Acuerdo del 8 de febrero de 1867. Tomado de Castillo Ernesto. Historias no contadas o a medio contar.  Centro Nicaragüense de Escritores. Managua, 1999. Páginas 99-102.

(3) Ibídem.

 (4)   Aviso: Inventario de las propiedades embargadas, sujetas a confiscación en virtud del decreto del 16 de julio de 1856. (Documento tomados de Montúfar. Reseña Histórica de Centro América. Páginas 575 a 583.) (Cf. Bolaño, Walker IV. P. 65-9). En el caso de José Antonio López le confiscaron dos haciendas de cacao (El Rosario y Candelaria), dos haciendas de campo (La Cruz” y San Marcos) y una casa en la ciudad, el Mesón López. En total confiscaron  53 propiedades que pertenecían a 44 familias de Rivas, Potosí y Tola.

(5) José Antonio López Guerra. Partición del testamento. Ob. Cit. Folio XXXVIII. AFLC. Página 90.

(6) Testimonio del  Testamento don Rosendo López Carazo. Escritura registrada bajo el No. 160, folios 86, 87 y 88 del Tomo II del libro de las personas de Rivas, 8 de septiembre de 1923. Sello y firma de P. Pasos. Agradezco a Marvin Abarca Blén por haberme proporcionado fotocopia del documento.

 (7) Declaratoria sobre el litigio de una pared del Mesón López. Enero 1887. Comparece Pedro López. Libro de Archivo Fundación López Carazo (AFLC). Folio LXII.

(8) Ibídem. Folio LXV-LXVI.

(9) Ibídem. Folio LXVII-LXVIII.

(10) Escritura. Archivo Fundación López Carazo (AFLC). Folio LXIII-LXVIII.

Actualmente en los terrenos se erigió el cuartel Comandante Ezequiel de la Policía Nacional de Rivas.

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