Poemas de Héctor Duarte


En ocasión del XIV Festival Internacional de Poesía de Granada, Rivas, Nicaragua.

 

SERENATA

 A la aldea le deleita quedita su cantor,

cada noche su varonil voz fluye y les

despierta pasiones en el fríoso enero,

el rancherío sabe del romántico amor.

 

Le llaman joven bello poeta y trovador

y se preguntan quién será y su destino,

en la oscuridad tristona de la comarca

las dulces notas de su voz son trinos.

 

El trovador enamorado no ha de tardar.

El comienzo con su melodía, que leves

se dispersan con la brisa perfumada de

olorosos heliotropos, rosas y jazmines.

 

Aromas de florcitas que en manojitos

las indias lucen en azabaches cabelleras.

La luna sale y es noche de luz opaca,

mortecina de mustia y lunática plata.

 

Le citan de varias maneras, trovador,

romancero, amante. Él es un raro pan,

sensible, que añora los tiempos idos y

que desea, sueña y sufre por su dueña.

 

Su guitarra brota nocturnos gemidos,

no es la hora del canto de su varonil

celo de voz ronca que reclama y apremia

carnal amorío de su enigmática dama.

 

Mujer bella, misteriosa, que excita los corazones

aldeanos sentimentales y dispensan

al desconocido amante buena suerte

para ambos la fragorosa recompensa.

 

El corcel detuvo sus cascos educados

en terreno y casa con pulcros jardines.

El varón comenzó con una dulce balada,

la guitarra arpegia acordes melódicos. En eso…

 

Un feroz fogonazo brotó un estampido,

rompió la canción de amor del hombre,

retumbó como un trueno con miles de

ecos. El silencio floreció sin dejar seña.

 

Ahora, siempre, alguien a la peor hora

Nona, cuan todos descansan, disimular

no verla;  una mujer con reboso, asea y

cabizbaja, deposita flores en un lugar.

 

No es romería, pero llegan visitantes e

indagan dolidos curiosos el suceso… y

asoma el recuerdo de Romeo y Julieta,

de Cyrano, su platónico amor de poeta. Y

la saña estocada de una veloz espada.

 

“Prosía” trovadoresca. Ciudad de Rivas, Nic. 29/01/18. Poeta Héctor Duarte.

Poeta Héctor Duarte.

 

Adiós

Cuando el fin se cerca todo duele, lo dicen y, si.

Cuando transcurrido tres cuartos de un siglo…

Son los ocasos que orillan a las longevidades.

¿Qué tal te portaste de barro muñeco? ¡Goodbay!

 

Cuando al mirar terco se te interpone un  velo.

Remembrar afanes pasados. El último tren;

más no te apetece nada. Cáusala el desdén…

¿Qué tal te portaste de barro muñeco? ¡Adiós!

 

Es la materia incoando al desprecio total.

Te descobijas del temor. ¿Y, el amor? Por favor.

La tiniebla eterna, ¡Eso! El dormir placentero.

¿Qué tal te portaste de barro muñeco? ¡Ciao!

 

Agotado claudicaste y en negro crespón yaces;

Es el reposo absoluto infinito del sepulcro…

¿Habréis cumplido por la virtud de haber sido?

¿Qué tal te portaste de barro muñeco? ¡Sayonara!

 

Tierra eres y tu alma voló para morar en otro

ente que, ¿Será mejor que nos? La transición:

Viaje, vida, carne, alma, según fuiste carajito.

¿Qué tal te portaste de barro muñeco? ¡Bomboyah!

 

¿Qué serás en la otra vida, un lechón?  ¡Disviniana!

¡Hay,  tatita!

 

Ciudad de Rivas, Nic., 20/01/18. Poeta Héctor Duarte.

 

 

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