Huelga de 1975 (I parte)


Rafael Casanova Fuertes*

Desde marzo de 1975 había un estado de agitación en la población de Rivas en contra del alza de la luz, incluso tuvo repercusiones en algunos municipios y comarcas de los alrededores.

La Cooperativa de Electrificación Rural de Rivas (Coerdri), que en la práctica era una empresa, había elevado la tarifa mensual casi al doble, lo que afectaba seriamente el bolsillo del consumidor.

El movimiento se extendió hasta mediados de mayo y lo iniciaron precisamente algunos señores opositores del Partido Conservador y del Partido Liberal Independiente (PLI). Estaban Salvador López, Juan de Dios Palma, Rosario Vivas y Teófilo Jiménez.

Por las mismas ligas con el Partido Socialista estaba Juan Guerra, quien a la sazón era militante (y estaba desconectado del Frente). También estaba Adolfo Morice, quien era dirigente conservador local y se identificaba plenamente con posiciones de izquierda.

Ellos sugirieron en una reunión de contactar a la gente de los sindicatos y a los estudiantes. Así lo hicieron. Llamaron los dirigentes Alfonso Cerda, a Miguel Bejarano, a Miguelito Somarriba y a Carlos Lara. Estos le imprimieron desde ese momento organización al movimiento. Los invitaron a formar un Comité  Departamental de Defensa Popular, provisional, que pasó a ser presidido por Adolfo Morice.

El Partido Socialista me citó a una reunión extraordinaria por ser miembro de la Comisión Juvenil Seccional para asumir esta situación. El camarada Bejarano explicó los pormenores de la reunión que había tenido con la gente. Después convocamos, de la misma forma a la Juventud Socialista. Allí se bajaron las líneas de reactivar los Comités de Defensa Popular (CDP) que se habían formado en 1972 y formar nuevos donde no había.

Así se reactivaron en La Puebla, El Palenque y barrio Somoza. Se fundaron  nuevos comités en Monte San Juan, Colonia Hurtado, San Francisco y Campo Verde, y además en el municipio de San Jorge.

Los de la Juventud Socialista en esa misma reunión acordaron ir a una huelga estudiantil en apoyo al movimiento de los pobladores.

Estudiantes

Dentro de estas diligencias, con nuestros enlaces convocamos a una reunión de la directiva central del Instituto Nacional Rosendo López (INRL), esta se había constituido en el núcleo organizativo del Comité Pro-FES, sin sustituirlo.

Ya en la reunión la mayoría estuvieron de acuerdo Mario Espinoza, José León Jiménez, Francisco Ruiz y César Gómez. Se tenía el apoyo de la mayoría de los presidentes de aula,  pero —vaya— hubo una fuerte oposición de Henry Ricarte y Migdonio Vargas (q.e.p.d.), que eran directivos.

El primero aunque no dijo que no iba a apoyar el movimiento, alegó que eso era un movimiento de políticos, que ya sabía de una directiva del comité dirigido por Adolfo Morice y viejos políticos conservadores que querían revivir su proyección a costa de los estudiantes. El segundo argumentó que eso no era un problema de los estudiantes.  Lo acompañó de una frase que lo vino afectar con el tiempo: “no cuenten conmigo”.

Recuerdo haber intervenido en la asamblea estudiantil para aclarar que el alza de la luz  afectaba a las familias más humildes de la sociedad, entre ellos a nuestros padres. Que los estudiantes como fuerza viva no podíamos ser conformistas con lo que pasaba en la sociedad. Que debíamos de ir a un paro de actividades, así como nos habíamos ido en apoyo a los hospitalarios en 1973.

Aunque la mayoría optó ir a la huelga, se decidió hacer una labor de convencimiento con los dos mencionados. José León fue a convencer a Henry y César a Migdonio.  Se preparó de manera discreta los activistas estudiantiles para el momento del paro.

Ya por la noche coincidí con Chepe León y Henry en una banca del parque, frente los Juzgados como otras veces y entre los dos tratamos de convencerlo y no pudimos. Volvió con el “rollo” de los políticos. No podíamos decirle de la verdadera posición de Morice, por razones de compartimentación. Me fui como a eso de la ocho con Chepe León y en el camino me dijo: “mirá yo creo que Henry lo veo demasiado precavido, así como están las cosas hay gente que no deja de tener temor en toda Nicaragua. Hay capturas, ya ves como se llevaron a Alejandro Ortega “La Vitola”. Si no ha sido que la hermana tenía “pata” allí estuviera “encholpado” en la seguridad, salió gracias a eso”.

Esta creciente represiva  del sistema fue parte de los efectos  de la acción de Chema Castillo en diciembre de 1974.

—Bien —le dije a Chepe—, con represión y sin represión debemos hacer algo.

—Bien vamos hasta home —me respondió él.

Seguí hasta  donde los Rivera a contactar a César y a ver qué decía Migdonio.

—Hombre —me dice Migdonio—, está indeciso. Yo pienso que está receloso porque la iniciativa vino de ustedes. Pero además está todavía molesto por la posición que le dieron en la directiva central. A él los nuevos no lo conocían bien y no se proyectó debidamente, pero por sugerencia mía fue que quedó como vocal.

César dijo: Miremos para adelante, la mayoría de los estudiantes está de acuerdo con irse a la huelga. Pero si él no está de acuerdo, yo sí estoy de acuerdo. La lucha es de todos, cuenten conmigo y también con la pelota del aula.

Yo le dije a Migdonio que era importante que participara, que tratara de convencerlo; pero le agregué, si no nos vamos sin él. Así pasa con el otro compañero, ellos se tendrán que sumar o quién sabe.

Comités de Defensa Popular

El paro debería estar combinado con una convocatoria del Comité Departamental  de Defensa Popular (CDDP).

En los barrios se anduvo en la organización de los comités, esta labor era principalmente de noches. La realizaban  Emilio Jarquín “Zapato de Tuza”, los hermanos Bejarano, Arnaldo Valdez, Alfonso Hernández y Ascensión Villarreal.

La Puebla lo cubrían Berman Lira, Enrique Palacios Casanova “el Primo”.  Las hermanas Vargas cubrían Campo Verde, San Francisco y los barrios del este.

En el sector de Los Santana estaban los  hermanos Rivera Araica, Rafael Obando, Donald Hernández y el mismo César Gómez.

El Palenque, por ser el barrio más pequeño, podía cubrirlo solo Alfonso Cerda “el Águila”.

Los barrios del oeste hasta llegar a la Cruz de España en San Jorge los cubrieron Miguelito y Carlos Lara, en combinación con los compañeros Vílchez, Chamorrito, Arias y los hermanos Vega González.

El barrio Monte San Juan, la Colonia Hurtado y El Chungulún fueron cubiertos por Chico y David Ruiz, José Ángel Hernández, Ricardo Espinoza y Abraham Canales.

Mitin

Se hizo una convocatoria para el último domingo de mayo por medio de invitación directa y volantes distribuidas casa por casa.

Se conformó la directiva del Comité Departamental de Defensa Popular, quedó entre sus directivos Adolfo Morice, Miguel Bejarano, Juan Guerra, Arnaldo Valdez y otros que no recuerdo.

Hubo una semana de visitas de la directiva departamental a todos los comités barriales. Con Miguel Bejarano, Rubén Pasos y Chico Ruiz, nos pegábamos madres desveladas con dos mimeógrafos artesanales de madera, hacíamos los tirajes de los comunicados e invitaciones. Por razones de compartimentación se mantenía uno donde Rubén Pasos y otro donde Miguel Bejarano.

La convocatoria al mitin en la Casa del Obrero fue masiva. El local resultó muy pequeño, había gente aglomerada en los alrededores. Después supimos que llegó gente de las comarcas de Los Cerros, Las Piedras y del municipio de San Jorge. Fue todo un éxito. El maestro de ceremonia fue José Rivera Araica.

Los discursos fueron encendidos. Hablaron por el CDDP Miguel Bejarano, Juan Guerra, Arnaldo Valdez. El farmacéutico Antonio Vílchez en nombre de UDEL. Por los estudiantes se delegó a Chico Ruiz.

Los pobladores acordaron no pagar el servicio aunque se lo cortaran. Recuerdo que uno de los asistentes improvisó una consigna que empezó a corear la gente: ¡A los candiles! ¡A los candiles! Es decir que se volvía al uso del querosene para iluminarse para obligar a la compañía Coerdri a rebajar la tarifa.

Instituto

Al día siguiente (el lunes) previa reunión con un grupo de estudiantes intentamos la primera toma del instituto. En el punto de la reunión fue la esquina de los juzgados, solo llegaron entre los que recuerdo Chico Ruiz, Bruno Rivera, Chepe León, César Gómez (La Viejita), un muchacho de apellido Dinarte de La Puebla —que lo había captado mi persona—, mi hermano Jacobo Casanova, quien escribe y otros, que me van perdonar no recordarlos.

La cuestión es que de los convocados habían llegado a lo sumo unos ocho de un total de 25. Chepe León dijo que tenía que hacer algo y que llegaba a las ocho de la mañana a sumarse. Otros habían quedado de esperar en el portón del turno de la mañana. Estos fueron de los captados por Chico del turno matutino.

Nos fuimos de mañanita y llegamos un poco antes de las siete de la mañana, era la hora del inicio del  turno de la mañana. No había nadie de los convocados de este turno, lo que causó un efecto negativo en los pocos que nos acompañaban.

Chico sugirió que de todas maneras procediéramos, que iba a haber respaldo de la gente una vez que se cerrara el portón de hierro, que el resto se iban a sumar cuando llegaran. Le puso el candado y una cadena al portón.

Llegó el profesor Adán Rocha con un pequeño grupo de estudiantes ajenos al plan, abrió el candado con una ganzúa o llave maestra y se llevó la cadena y el candado. Este tenía rango de cabo, profesor GN y a pesar de su rango evitaba problemas. No se quería una situación de choque con él. Optamos por irnos.  Allí mismo se dijo, hay que prepararse mejor porque se dieron problemas de organización. Estaba claro que ya el factor sorpresa se había perdido.

En la tarde, en la reunión con los principales delegados estudiantiles y los militantes nuestros del turno, se valoró el incidente de la mañana y se concluyó que muchos de los estudiantes de la mañana fueron influidos por las dudas de Henry, porque este aún con su conducta no dejaba de tener simpatía sobre todo en el quinto año que él presidía. Allí había gente  combativa. Que los convocados por Chico llegaron más tarde y sabían del incidente. Recuerdo que el presidente de mi quinto año antes de la reunión me preguntó por la situación, yo le respondí muy enojado, por tu vacilación. Caminaba mucho con Antonio Mendoza Sacasa, “el Toleño” quienes tenían una postura diferente y combativa. Toño vivía en la finca El Chile, era hijo natural de don Constantino Sacasa Carazo y doña Carlota Mendoza, se había vinculado en dos direcciones, en el movimiento estudiantil y en UDEL porque su abuelo de apellido Mendoza era el líder de esta organización en El Palmar.

Entonces concluimos que se iba a hacer una convocatoria abierta de presidentes de aula y estudiantes de los dos turnos del día. Existía el turno nocturno, pero muy reducido. Entonces se nombró una delegación presidida por mí para visitar la mañana siguiente, que era martes, a los del turno de la mañana y Chico Ruiz se iba a encargar de convocar a la hora del recreo.

Represión

A eso de las nueve la mañana vi a Adolfo Morice en la puerta de su casa, quedaba por la antigua tienda El Superxil. Me pregunta si iba para el instituto y se ofreció a llevarme en su camioneta. Él, como los demás directivos del CDDP, estaba inquieto por la huelga del INRL.

En el camino me pregunta como van las cosas, le hago una síntesis. Me dijo que había algunos estudiantes inquietos en el Colegio San Martín y muy probable se fueran a la huelga, solo esperaban que hiciera primero el INRL. Dije, es muy probable la toma del instituto en uno o dos días y sería bueno contactarse con ellos. Adolfo me dejó en el portón del INRL y quedé de verlo después de la reunión en su casa.

La reunión fue un éxito a pesar de los recelos y las confusiones sembradas. Permitió explicar al colectivo los objetivos de la huelga en apoyo con los pobladores. Se decidió dejar de pagar a la Coerdri. Pues bien, se quedó estar pendientes del llamado.

Salí de la reunión y me dirigí donde Adolfo, tomé la calle recta por donde estuvo radio Mongalo, seguí hasta llegar a la esquina donde quedaba la Casa del calzado, doblé a la derecha recto. Al llegar a la esquina de El Superxil… no veo a Adolfo afuera como suponía que debía estar. La que está es su esposa y noto que al acercarme a su casa, ella  me mira, se mete inmediatamente y entra dando un portazo fuerte. Sorprendido por esta brusquedad no me detuve, seguí de paso y con disimulo  miré a los alrededores. Algunos de los vecinos me miraban y comentaban por debajo algo y cerraban las puertas.

Al llegar a la esquina de Joaquín Reina, me encuentro con un muchacho pueblano de unos Espinoza que apodaban Chanchitas y trabajaba en el Club Obrero. Venía en sentido contrario y me dice sin detenerse: ¡chiveate! se acaban de llevar a Bonilla (Alfredo) del club y a Adolfo lo acaban de levantar de su casa unos hombres de civil y lo montaron en un carro.

Inmediatamente empecé a entender la reacción de la mujer de Adolfo… me estaba dando señales y yo hasta me estaba arrechando con ella por el conocimiento que tenía de ser opuesta a la participación de su marido. Pensé en un estado de enojo que me había tirado la puerta en la cara.

En esa misma calle doy la vuelta a la izquierda y empiezo a usar las técnicas aprendidas. Miro y no hay nadie detrás ni delante de mí, todo normal. A la siguiente cuadra llego a la esquina opuesta al mercado nuevo, doblo a la izquierda. Por esa vía llego hasta el molino de Marcial Rivera en Campo Verde. Allí con don Marcial, indago de cómo están las cosas y si ha sabido algo más. Él se sorprende porque no sabía de las capturas; ya se había retirado del sindicato. Me dice: “puede que haya captura masiva de sindicalistas y estudiantes, como siempre lo hacen para paralizar el movimiento, así que cuídate”.

Tomé la decisión de seguir el camino por dentro del cementerio. Entro a mi casa en San Antonio por el potrero, detrás, chequeo y pongo a mis hermanos menores Ausberto, Luis y Silvio afuera a vigilar… tampoco miran nada. Hasta ese momento sé que nadie me ha seguido, ni nadie me ha llegado a buscar.

Me fui a clase. Me preparé mentalmente para no ser capturado en caso de que hubieran tomado puntería conmigo e hice un mapa de los movimientos, sin perder la serenidad. Allí con disimulo hablo con la gente y a lo inmediato me cuentan que se llevaron a Miguelito y a su hijo del mismo nombre y a dos choferes del sindicato. Se decía que habían capturado a uno de los hermanos Talavera Salinas. Que no lograron agarrar a Juan Guerra porque no estaba en la casa, todo en la misma mañana.

Recordé que la noche anterior me tocó pasar por la casa de Juan Guerra, allí por el Casino, y me había mostrado un documento que demostraba como Somoza evadía el fisco en competencia desleal a otros terratenientes.

Cuando ya reunidos con ellos les dije, la única manera de seguir y evitar capturas es que nos vayamos a la huelga. Pusieron el rostro lleno de entusiasmo. Unos se adelantaron con cierta euforia: “ideay” compañero, pero ¿cuándo?  Me sorprendió la disposición de los estudiantes.

Cuando veo que al grupo inicial se  acercaban decenas de estudiantes, me dieron ganas de irme por las trancas yo solo, me detuve. Les dije: ustedes solo esperen, esto no pasa mañana, necesitamos contar con su respaldo.

Al terminar la clase mi misión inmediata fue contactar a la gente del Partido Socialista, a la juventud y al frente. Fui donde Miguel hasta el fondo de La Puebla. Hablamos de la situación de los presos y lo demás. Pensé en ir muy de mañana donde Chico. Pasé a buscar a Chepe León, tampoco lo hallé y La Viejita no estaba en la casa.

Por el mercado nuevo encontré a Chu Jácamo y dice: “me preguntaron por vos en el instituto”. Entonces me detuve. Continuó: “era una pelota de gente, como que te estaban esperando que iban a tomarse el instituto”. Le respondí, bien, voy para allá. Cuando llego no veo la pelota de gente. Uno de los rezagados me dice, aquí estuvimos, esperamos. Me mencionó algunos nombres, eran del turno de la tarde.

No hice más que buscar camino para esperar al día siguiente. Dormí donde los Rivera y aproveché para hablar con Bruno y César. Supe que tanto Bejarano como Valdez habían tomado medidas de seguridad y cada noche dormían en casas distintas. Que Juan Guerra andaba totalmente clandestino y  tomaba diligencias para salir a Costa Rica, de cuya frontera era conocedor.

*Historiador e investigador. Movimiento Revolucionario en Rivas. Parte XIX.

 

Rafael Casanova Fuertes.

 

2 pensamientos en “Huelga de 1975 (I parte)

  1. “Salí de la reunión y me dirigí donde Adolfo, tomé la calle recta por donde estuvo radio Mongalo, seguí hasta llegar a la esquina donde quedaba la Casa del calzado, doblé a la derecha recto”. doblastes a la izquierda, es decir hacia el sur, sobre la calle principal que va al Bo. La Puebla.

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