¿Qué mentalidad traía el conquistador español ante el cacique de Nicaragua?


Por Sergio Espinoza Hernández

 En San Jorge, en el lugar de la Cruz de España, el 5 de abril de 1523, se dio un acontecimiento único en Hispanoamérica, porque no se dio un enfrentamiento armado, y transcendental porque se cumplió lo jurídico y lo moral de una guerra en la mentalidad medieval que traían los españoles y se encuentra resumida en el Requerimiento. El diálogo fue sobre la guerra, ya que la conquista implicaba el vasallaje, el despojo de la tierra, la aceptación de la fe cristiana y de la autoridad el papa.

 Requerimiento

Los quince temas principales del diálogo entre el cacique de Nicaragua y el capitán Gil González de Ávila fueron guiados por el contenido del Requerimiento. Esa lista de preguntas para entenderse en su totalidad se debe partir de la noción del Requerimiento.

Constantino Láscaris, 1970, en su Historia de las Ideas en Centro América, centra su atención: “Ante todo, el diálogo fue un sustituto, en mejor, del Requerimiento y con insistencia recuerda que el diálogo en cuestión debe leerse en función del Requerimiento (pp. 36-39). 

Procedamos a leer el diálogo con que inicia nuestra historia (hispana)”,  como anota Pablo Antonio Cuadra, pero esta vez a la luz del Requerimiento donde podemos encontrar lo fundamental de la concepción filosófica que traían los hispanos de la península ibérica.

El Requerimiento que consultamos fue el recopilado por Esqueva, quien le otorga la autoría del documento a Palacio Rubios. Juan López de Palacio Rubios lo redactó el 23 de agosto de 1514, basado en los principios jurídicos del siglo XVI, titulado Requerimiento que se ha de hacer a los indios de Tierra Firme. (pp. 36-39. Esqueva Gómez, A., 1993, Documentos de la Historia de Nicaragua 1523-1857, pp. 27-29.)

Estipulaba tres requisitos: ser leído a los indios, invitar a aceptar el cristianismo y autorizar a los españoles atacar si es rechazado.

Es un documento jurídico con la finalidad de hacer justa  la conquista, legitimar el dominio español y oficializar las tierras descubiertas del Nuevo Mundo, como propiedad patrimonial de la Corona de Castilla, anexadas como “reinos patrimoniales”. Deja claro que las tierras no eran del que las veía primero por ser vírgenes o abandonadas, no eran del que las descubría, sino que eran “tierras de realengo” (Dieterich Heinz, 1978, Relaciones de producción en América Latina, p. 184).

Severo Martínez Peláez, 1975, en su obra La Patria del Criollo define el Requerimiento como una base legal a la esclavitud de guerra y al despojo de los nativos. Así lo prueba el uso que de él se hizo. (pp. 65)

Constantino Láscaris, 1970, explica que el resultado práctico del requerimiento fue el poder esclavizar indios con tranquilidad. Eloy Bullón, citado por Láscaris, interpreta de que “se trataba de una fórmula para justificar la legitimidad del dominio español ante la opinión pública (p. 65).

 Filosofía

Nicaraocalli 154

España vivía el período medieval y la filosofía dominante era la escolástica (schola, scholasticus: escuela, maestro. Ciencia de la escuela), en su máxima expresión, no la patrística, sino lo más avanzado del pensamiento de la época: el tomismo y el escotismo.

La filosofía escolástica era un pensamiento en que se mezclan en una unidad razón y fe, la filosofía se subordina a teología y la ciencia se fundamenta en las Sagradas Escrituras.

En términos políticos, el reinado tenía que contar con la bendición papal. Las órdenes religiosas imponían sus doctrinas en las universidades, mientras en las plazas pocos enarbolaban la bandera de la autonomía de la razón, del pensamiento independiente, de la primacía del conocimiento sobre la revelación, eran contados los que expresaban su deseo de llegar al ideal evangélico de pureza y sencillez de vida.

Teocentrismo

En la filosofía escolástica el mundo fue creado por Dios de la nada (creatio ex nihilo), ya se había superado el pensamiento pagano de que Dios era nada más el ordenador del mundo, un demiurgo o simplemente el primer motor, tampoco Dios y mundo eran la misma cosa, como lo afirmaba la visión panteísta, ya no se pensaba que el mundo y dios eran coeternos.

La novedad de la época era la palabra creación y esa fue la idea que traía el Requerimiento cuando dice: En el cielo, más allá del sol, hay un Señor que hizo el sol, la luna, el cielo y las estrellas, a los hombres y animales, aves, mar, ríos, los peces y todas las otras cosas (Esqueva, 1993, pp. 27-29).

 Eclesiocentrismo

Esa primacía de Dios se convirtió en una primacía de Iglesia Católica. La salvación, el ir al cielo a gozar de la gloria o ser enviado al infierno a penar para siempre, dependía de la Iglesia.

Había terminado el enfrentamiento y la persecución del cristianismo, el papado tenía más pretensiones políticas, se inmiscuía en las cuestiones del reino y en los asuntos terrenales, es un período de convivencia del poder secular y el poder espiritual, del mutualismo entre el rey y el papa, más abajo están el príncipe y el obispo.

Por eso, el Requerimiento invita en primer lugar a aceptar… a la Iglesia por Señora y superiora del universo mundo y al Sumo Pontífice llamado Papa. (pp. 27-29)

Monarquía

Imponía a aceptar… al Emperador y Reina doña Juana nuestros Señores, como a superiores  y Señores y Reyes de estas islas y tierras firme en virtud de la dicha donación… (Realizada por el Papa) (pp. 27-29).

Indicaba la supremacía del papa ante el rey, ese orden de primero la Iglesia y después el Estado lo fundamenta filosóficamente el más grande teólogo del catolicismo, Tomás de Aquino.

En su concepción de Estado otorga además de las funciones terrenales, otras. Como, por ejemplo, le atribuye las supraterrenales, es decir, fomentar positivamente la vida religiosa. El fin del Estado es la salvación del hombre, lo sobrenatural, y esa es la misión de la Iglesia y en primer lugar su jefe el papa, como representante de Cristo aquí en la tierra, luego el Estado. (Hirschberger, J. 1981, Historia de la Filosofía, (I), p. 418)

Esta jerarquía en el Requerimiento se cumple al pie de letra, primero el papa, luego el rey y la reina, en este caso Juana I. (Oviedo (3), p. 168)

La reina Juana I era hija de los Reyes Católicos y esposa de Felipe el Hermoso. Reina de Castilla (1504-1555), conocida como Juana la Loca. España estaba unificada, producto del matrimonio realizado por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, que sirvió para centralizar el poder de los dos grandes reinos hispanos en una sola corona. Se constituyó en una monarquía centralista.

Se vivía la época de la sociedad feudal, del poder absoluto. Los territorios de la corona de Castilla y de la corona de Aragón ya no estaban conquistados por los árabes, eran reinos separados y la península transitaba por el proceso que se conoce como La Reconquista. (Dieterich, 1978, p. 83)

 Guerra

Al final, el Requerimiento traía una proclama de guerra, era la razón de ser del documento. Si no aceptaban el mandato de Dios y si no querían ser vasallos del gran rey de los cristianos, que se saliesen al campo de guerra, que otro día sería con él (Oviedo (3), pp.168).

El vasallaje tiene su fundamento en el derecho y la moral. Filosóficamente partían de un mundo donde hay pecado desde sus orígenes, por consiguiente la coerción existe por el pecado, ante lo cual se podía usar la espada para castigar y corregir a los más malvados; desde luego la espada era dada por el papa al emperador.

Para los españoles la guerra no era extraña, por el contrario venían de una, se conoce como “la guerra de la reconquista”, que consistía en recuperar los territorios ocupados por los árabes, expulsar a los infieles sarracenos, liberar los reinos de la invasión musulmana, del imperio oriental que se había hecho fuerte con base en el desarrollo de la “economía hidráulica” y que a su paso dejó como herencia el riego y los cultivos del arroz, caña de azúcar y granada. Su legado en el terreno científico fue el álgebra y la filosofía griega.

La Reconquista es el inicio del rompimiento de España con la influencia mediterránea, y su tránsito, con los reyes de Castilla a la cabeza, hacia el desenvolvimiento europeo. Se retomaba el camino europeizante con su monarquía centralista, que después se homogenizó con las monarquías absolutas de Alemania, Grecia e Italia (Dieterich 1978, p. 84).

Jurídico

En España, el principal justificador de la conquista fue el escolástico Francisco Suárez, que dio un aporte a la filosofía del derecho cuando logra separar esa mezcla de derecho natural y leyes divinas, al distanciar el derecho civil del derecho canónico, al presentar una alternativa conocida como el “derecho de gentes”, un estadio intermedio entre ambos derechos, que requiere un convenio, respetado comúnmente entre diversos pueblos, como por ejemplo el comercio, la guerra y el vasallaje. Se aleja de la tendencia teocéntrica medieval,  de la bíblica y  la patrística, deslinda los estatus entre el poder espiritual y el poder terrenal, dando cabida a lo jurídico. (Hirschberger 1981, pp. 517)

El descubrimiento de la Nueva India dio la oportunidad a los pueblos cristianos de extenderse en el mundo por y para proclamar la fe. La dominación se justificaba por la tesis de que los pueblos bárbaros eran incapaces de gobernarse por sí solos (Merle Marecel y Mesa Roberto (1972), El Anticolonialismo Europeo. Desde Las Casa a Marx, pp 81-82).

Desde luego la guerra tenía que ver con la moral, con lo justo, por consiguiente  el Requerimiento da cinco días a la población para tomar una decisión: vasallaje o guerra.

Lo justo consistía en dar  la oportunidad a los futuros conquistados a defenderse en el terreno militar. ¿Pero de qué forma? En ocasiones, ni siquiera daban la oportunidad de deliberar sobre el tema, llegaban a las costas y desde los navíos, antes de desembarcar leían el Requerimiento o llegaban a los pueblos y desde una colina leían el documento sin que los indígenas pudieran escuchar. (Martínez 1975, pp. 65).

 Diálogo

Presentamos las quince preguntas del cacique Nicaragua guiados por la síntesis realizada por la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, en su artículo “El encuentro del cacique Nicaragua y el conquistador Gil González Dávila. Testimonios e interpretaciones”,  publicado en La Prensa Literaria, sábado 5 de abril de 2003. Página 7.

  1. “Si moría el Santo Padre de Roma, Vicario de Cristo, Dios de los Cristianos”.

    La cruz papal, símbolo del Sumo Pontífice llamado Papa que vive en Roma. Al fondo el monumento de San Jorge.La cruz de cuatro brazos dejada por los españoles de Gil González.

  2. “Como Jesús, siendo Dios, es hombre y su madre, virgen pariendo”.
  3. “Si el emperador y Rey de Castilla, de quien tantas proezas, virtudes y poderío contaban, era mortal”.
  4. “Para qué tan pocos hombres quieren tanto oro como buscan” (López de Gomera, 1975, (1) pp. 114-115).
  5. “Si esta gente tan sabia [los españoles) venían del cielo”.
  6. “Si habían bajado en línea recta, o dando vueltas o formando arcos”. (Las preguntas 5 y 6 fueron hechas por Nicaragua no a Gil González, sino al intérprete).
  7. Si sabían del diluvio “de un cataclismo pasado en que había ahogado la tierra con todos los hombres y animales (…) y si vendría otro”.
  8. “Si alguna vez la tierra se voltearía boca arriba”.

9.“Del final general del linaje humano y de los paraderos destinados a las almas cuando salen de la cárcel del cuerpo, del estado del fuego que un día ha de enviar, cuando se cesarán de alumbrar el sol y la luna y demás astros; del movimiento, cantidad, distancia y efectos de los astros y de otras muchas cosas”.

  1. “Sobre el soplar de los vientos, la causa del calor y del frío, y la variedad de los días y las noches”.
  2. “Si se puede sin culpar comer, beber, engendrar, cantar, danzar, ejercitarse en las armas”.
  3. “Qué deberían hacer ellos para agradar a aquel dios que él (González Dávila) predicaba cual autor de todas las cosas”.
  4. “Dónde habían de tirar sus dardos, sus yelmos de oro, sus arcos y sus flechas, sus elegantes arreos bélicos y su magníficos estandartes militares (…) ¿Daremos todo esto a las mujeres para que ellas lo manejen? ¿Nos pondremos nosotros a hilar con los huesos de ellas, y cultivaremos nosotros la tierra rústicamente?”.
  5. “El misterio de la cruz y (la) utilidad de adorarla”.
  6. “Acerca de la distribución de los días” (Mártir de Anglería, 1975, (1) , pp.23-25).

Resistencia

Como se sabe, los originarios de San Jorge, desde mediodía hasta la víspera, emboscaron a los cuatro caballos y a la tropa con sus banderas desplegadas cuando Gil González venía de regreso de enfrentar al cacique chorotega Diriangén. Al pasar por Quauhcapolca el cronista Oviedo registra las palabras dichas por los náhuatl: Teba, teba, xuja, que según Arellano J. significa está bien, ándate, vete en buena hora, y toya, toya, varias veces, que quiere decir anda, corre. “Toya” funciona como imperativo del verbo toyana, que expresa la idea de rapidez. Le instaban, en pocas palabras, a largarse.

En la Cruz de España se cumplió todo el procedimiento legal y moral de la nueva ley terrenal, del contrato, de los requerimientos para establecer el nuevo orden de conquista. Se ejerció el protocolo  de la paz, Nicarao ofreció oro equivalente a 18,500 pesos castellanos y a cambio recibió un traje de seda, una camisa de lino y una gorra de color rojo; hasta culminar con la resistencia armada y el toya, toya, lo que lo hace único en el continente americano y el Caribe conquistado.Referencia bibliográfica

ANGLERÍA, Pedro Mártir: Décadas del Nuevo Mundo. Traducción de Agustín Millares Carlo. México, Editorial Robredo, 1964, 2 vols.; también en México, José Porrúa, 1964.

CERECEDA, Andrés de: “Relación de las leguas que anduvo a pie el capitán Gil González Dávila, número de caciques e indios que bautizó y del oro que recibiera”, en Documentos para la historia de Nicaragua. Madrid, Colección Somoza, tomo I, 1954, pp. 84-89.

GONZÁLEZ DÁVILA, Gil: “Carta que escribió Gil González Dávila a S. M. el Emperador Carlos V sobre su expedición a Nicaragua, año de 1524”, en Manuel María Peralta, comp.: Costa Rica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVI. Madrid, Librería de M. Murillo, 1883, pp. 3-26. Asimismo en Documentos para la historia de Nicaragua, pp. 89-107.

 

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